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¿Cuántas veces nos hemos despertado en la mitad de la noche a razón de una preocup ación?, muchas veces ni siquiera podemos conciliar el sueño, no logramos si quiera poder cerrar nuestros ojos y por más que lo intentemos es más fuerte que nuestra necesidad de dormir. Tengo una buena noticia para vos: Dios está al tanto de esto y quiere ayudarte.

Jesús nos enseña en su palabra, a través del apóstol Pedro que depositemos todas nuestras ansiedades y preocupaciones delante de él, porque él tiene cuidado de nosotros (1 Pedro 5:7).

Cuando oramos, no es que acercamos a Dios hacia nosotros, sino que nosotros nos acercamos a él. Él espera que por este acto de fe creamos que tiene la respuesta a nuestra preocupación. El desea librarnos de todo lo que nos perturba y brindarnos de su paz.

Desde pequeños nos enseñaron que orar es hablar con Dios, pero en realidad va más allá de esta afirmación, la oración es una conversación con aquel que te dice: No temas, yo estoy aquí. Por medio de esta conversación, nos aferramos a Dios y a sus promesas, también, podemos presentar nuestras peticiones y esperar la respuesta necesaria. Él nos promete que si pedimos algo, nos los dará, si buscamos, hallaremos y si llamamos, se nos abrirán las puertas (Lucas 11:9) Por eso, a cualquier momento del día, él está más que dispuesto a escucharnos.

Existen otras circunstancias en que la oración no necesariamente es para nosotros, sino para bendecir a otros. Dios quiere que a través de la oración podamos unirnos más como familia en Cristo, practicando la compasión y el amor fraternal. Santiago 5:16 nos indica: “oren los unos por los otros… la oración del justo puede mucho”. Tenemos poder en la oración, Dios nos ha dado esta herramienta para poder declarar y desatar la bendición sobre nuestra vida y sobre la vida de los demás.

Estamos a tan solo unas palabras de distancia para que Dios nos atienda, no dudemos en llamarle.

Extractos de: “El poder de la Oración, La Formula perfecta” – O. Carnival (2014)



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