Amigos del Espíritu Santo

En el Evangelio de San Juan Jesús les dice a sus discípulos algo que los sorprende: (San Juan 14:16) ”Y yo rogaré al Padre, y os dará otro consolador, para que esté con vosotros para siempre”

Para los discípulos ¿qué otro mejor consolador podía haber que Jesús? Habían visto maravillas, milagros, resurrecciones. ¿Quién podía imaginarse algo mejor, con más poder?, pero Jesús estaba preparando el camino para el Espíritu Santo.

Los discípulos pudieron ver a Jesús, tocarlo, comer con Él, creo que todos nosotros hubiéramos anhelado tener esa experiencia. ¡Sería magnífico haber caminado, hablado, comido con Él!. Pero el segundo consolador, el Espíritu Santo revela a Jesús dentro nuestro.

Nuestros sentimientos vienen desde adentro, nacen desde nuestro corazón, el Espíritu Santo provoca esto, tener una relación desde adentro hacia afuera.

Imagínense esta situación: “Alguien golpea tu puerta, abrís y entra a tu casa y te dice: yo soy tu ayudador, enviado de Dios para ayudarte en todo. ¿Qué harías? ¿Cómo lo tratarías?, Él también te dice: Yo puedo ayudarte en todo, pero necesito quedarme a vivir en tu casa, desde afuera te puedo ayudar de una manera, con algunas cosas, desde adentro, si estoy con vos las 24 hs. del día puedo ayudarte mucho más. ¿Qué harías?

Seguramente no dudaríamos en tener ese ayudador con nosotros; esa es la obra del Espíritu Santo, estar con nosotros siempre.

En el versículo 18 de ese mismo capítulo Jesús les dice: “no os dejare huérfanos”, seguramente la imagen que se nos viene a la mente cuando pensamos en un huérfano, sobretodo en un niño, es la de alguien desprotegido, que no tiene quién lo defienda, en alguien que prácticamente no tiene oportunidades en la vida, alguien con muchas carencias (económicas, afectivas), espiritualmente asi se iban a encontrar los discípulos cuando Jesús se fuera, pero Él va a rogar al Padre por el Espíritu de adopción, para que ellos puedan sentirse adoptados por Dios, hijos seguros, protegidos y lo iba a poder hacer desde adentro hacia afuera.

Si hasta hoy quizás te sentías como ese huérfano, pensabas que a nadie le importaba lo que te pasaba, que estabas desprotegido, que no había expectativas para tu futuro, el Espíritu Santo quiere revelarte esta maravillosa verdad de que sos un hijo de Dios. Al ser hijos también nos convertimos en herederos, es decir, tenemos derecho de recibir todo lo que nuestro Padre tiene para nosotros.

El Espíritu Santo me revela a Jesús dentro de mi, todos los días, en todo momento, a toda hora, en todo lugar, es tener al hijo dentro de mi, y el que tiene al hijo, tiene al padre y dice San Juan 14:13 “Todo lo que le pidieres al padre en mi nombre, lo haré para que el Padre sea glorificado en el hijo”

Todo lo que emprenda, todo lo que haga con el Espíritu Santo, él me guiará a alcanzarlo.

Él te puede dar todo, lo único que te pide es que lo ames, no hay nada más maravilloso que convertirnos en amigos del Espíritu Santo.

Osvaldo Carnival



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