Cómo comenzar un año mejor

Por lo general, uno atribuye poder comenzar un año mejor a situaciones externas. Aunque en realidad, esto tendrá que ver con las decisiones que tomemos. No hay cambios sin resoluciones. Y para lograr cambios, primero tenemos que ver las cosas que antes jamás hemos visto. Entre ellas, impedir ser atrapados por el pasado; levantarnos del fracaso; tener claro siempre nuestros objetivos; dejar de preocuparnos; superarnos todos los días; tratar de identificar nuestras oportunidades; prepararnos todos los días de la mejor manera; buscarle siempre el lado positivo a la vida; descubrir que dentro de cada problema se encuentra la semilla de la solución; enfrentar los problemas uno a la vez y evitar que la ansiedad nos quite las fuerzas.

Encontrar dentro de los problemas la semilla de la solución, se asemeja a tener en nuestras manos un rico caramelo. A veces somos tan impacientes, que no nos atrevemos a desenvolver esa situación. Como los caramelos, es necesario desenvolverlos para poder comerlos sin el papel. Del mismo modo, enfrentar los problemas uno por vez nos evita entrar en una gran angustia. Debemos empezar de mayor a menor, para escaparle al “efecto dominó”: cuando cae una ficha, y luego caen las siguientes una tras otra. Este efecto nos ayuda a comprender que primero tenemos que enfrentar los problemas más grandes.

Cuando nos encontramos rodeados de problemas, lo primero que se desata es la ansiedad que nos consume y nos quita las fuerzas. Al respecto, la Biblia dice que cada día va a tener su propio problema, así que no hay que cargarse de mayores problemas que los que cada día tiene. Pues la ansiedad hace que carguemos hoy con los problemas de mañana y los de la semana que viene. Por lo tanto, necesitamos vivir y enfrentar los problemas del día.

Otro de los secretos para caminar hacia el éxito es saber usar lo que tenemos en lugar de preocuparnos por lo que no tenemos. Porque sin darnos cuenta, al preocuparnos caemos en sentimientos como la envidia y la competencia donde comenzamos a mirar a los demás y valoramos lo que ellos tienen. Sin advertir que todos hemos recibido un don en la vida. La envidia hace que pongamos nuestro centro en la vida de los demás y que entremos en competencia con el riesgo de ser descalificados resignándonos en la vida. Mientras que el verdadero secreto está en descubrir qué tenemos nosotros para ponerlo en práctica. Y de este modo, alcanzar el éxito que tanto hemos buscado en nuestra vida. Pues Dios siempre va a estar a nuestro lado para ayudarnos a descubrir lo que tenemos a fin de ponerlo en sus manos. Y definitivamente, cuando ponemos lo que tenemos en las manos de Dios, esto se multiplica.

Así sucedió con Jesús, cuando se encontraba frente a una multitud de más de 10.000 personas. Él deseaba alimentarlos pero no tenía nada para darles de comer. Entonces les pidió irónicamente a sus discípulos que lo hicieran a través de una vianda de cinco panes y dos peces. Antes esto, sus discípulos se reían subestimándolo. Pensaban entre sí: “¿Qué vas a poder hacer con tan poco?” Pero Jesús tomó lo poco que tenía, lo levantó y le dio gracias a Dios. Y esos panes y peces se multiplicaron milagrosamente, de tal forma que pudo alimentar a esa gran multitud sobrando aún doce canastas llenas de panes y peces. Con esto aprendemos un gran secreto: si tenemos poco no debemos de subestimarlo o maldecirlo. Sino por el contrario, debemos de ser agradecidos y bendecir lo que tenemos. Porque lo que tenemos Dios lo ha de multiplicar.

Osvaldo Carnival



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