Cómo disolver las preocupaciones

«Por tanto os digo: no os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber, ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal» ( Mateo 6:25-28; 34)

El término «afanéis» utilizado en el citado pasaje, proviene del griego «merimnao». Es un vocablo derivado de la palabra griega «merizo» que significa dividir en partes. Es decir que la ansiedad implica la división del pensamiento y como consecuencia de ello poner las fuerzas en varias situaciones a la vez. En lugar de dedicar toda la atención a aquellas cuestiones que realmente lo merecen. De este modo nace la preocupación que provoca un estado de tensión constante que muchas veces nos lleva a contraer enfermedades tales como el estrés. Jesús se refiere a esta misma ansiedad que el hombre siente frente a las necesidades diarias de la vida, como lo son el alimento y el vestido. Cuestiones que tienen que ver con lo inmediato, y que a menudo suelen turbar la paz de la mayoría de los seres humanos. Sin embargo, el Señor apela a la naturaleza para recordar la omnipotencia del Padre celestial creador del Universo quien sustenta todas las cosas por medio de su poder. Es el Dios proveedor, que sabe suplir las necesidades de sus criaturas sin que ellas tengan que pedirle nada (Job 38:41).

Está comprobado que el 80% de las cosas por las que el ser humano se preocupa jamás suceden. No obstante, las personas suelen pasar la mayor parte de su vida preocupado por aquello que probablemente nunca le pase. Mientras tanto desatienden cuestiones que realmente son importantes como la familia, el trabajo y el servicio en las cuales realmente deberían ocupar su tiempo y esfuerzo.

Con relación a esto, Jesús nos hace reflexionar acerca de la sabia actitud adoptada por los miembros que pertenecen al reino animal y vegetal. Quienes crecen y se desarrollan naturalmente, sin necesidad de preocuparse por nada. En otras palabras nos dice: «¡Aprendan de ellos!». O como sucede con los niños, que tampoco saben si sus padres tienen dinero o no. Pero ellos se sientan a comer a la hora de cenar, descontando que tendrán su plato de comida frente suyo. Recordándonos además, que por más que nos preocupemos esto no será suficiente para variar absolutamente nada. Porque nuestra condición limitada, nos impide llegar más allá de nuestras propias aptitudes que tenemos como seres humanos (Salmo 39:4-5). Y esto nos lleva indefectiblemente a depender absolutamente de Dios (Filipenses 4:6). Sabiendo que Él tiene cuidado de nosotros, y que solo al ocuparnos de las cuestiones de su reino obtendremos todo lo demás que necesitamos para poder vivir.

Los objetivos son, que usted pueda:

-Diferenciar lo que significa «ocuparse» y «preocuparse».
-Entender que el afán debilita nuestras fuerzas al dividir el pensamiento en diversas situaciones, que en ocasiones parecen importantes y no lo son.
-Comprender que Dios tiene cuidado de nosotros, sea cual fuere la situación por la que estemos atravesando.
-Reconocer nuestras limitaciones y que debemos depender de Él en todo tiempo dejando nuestras ansiedades en su presencia por medio de la oración.

Osvaldo Carnival



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