Conserve fresco el llamado

En cierta oportunidad Jesús entró al templo en el día de reposo, y allí se encontró con una mujer que durante 18 años estuvo encorvada. Y la Biblia agrega que su enfermedad era tan grave que era imposible enderezarse. Esta mujer solo podía mirar hacia abajo, puesto que su enfermedad le impedía levantar la cabeza. Desde que enfermó, nunca más pudo mirar hacia el cielo. Y metafóricamente esta situación representa el accionar del diablo sobre la humanidad, tratando de impedir por todos los medios que levante los ojos hacia el cielo para buscar el socorro de parte de Dios.

Pero como Jesús vino a deshacer las obras del enemigo, puso sus manos sobre su cuerpo y de inmediato la sanó diciendo: “Mujer, eres libre de tu enfermedad”. Mientras la mujer glorificaba a Dios por la sanidad recibida, apareció el principal de la sinagoga muy enojado porque el Señor había profanado el día de reposo. Entonces, al escuchar su recriminación Jesús lo tildó de hipócrita por desconocer que Dios quería obrar aún en el día de reposo. Aunque el religioso desestimó las palabras de Jesús, porque estaba más preocupado por preservar las formas del culto antes que conservar la esencia de la vida espiritual.

Lo más curioso del caso, es que no fue cualquier persona la que se opuso a la sanidad. Era el principal de la sinagoga, quien se supone conocía mejor que nadie los asuntos divinos. Entonces surge la siguiente pregunta: ¿Cómo alguien que un día recibió el llamado de Dios puede perder el rumbo con el paso del tiempo? Muchas veces las circunstancias que acontecen en el ministerio hacen que perdamos la sensibilidad por las cosas de Dios. Los roces, las desilusiones, los malos entendidos, las defraudaciones y la falta de resultados hacen que perdamos de vista el propósito de Dios.

Es hora de recuperar el rumbo de aquel llamado que Dios tuvo para con cada uno de nosotros. Porque de lo contrario, los enojos en el servicio nos harán perder de vista las cosas más relevantes del ministerio. Así sucedió con este rabino, que estaba más atento en cuidar las formas religiosas que en ver el poder de Dios obrar. Pues con el paso del tiempo se fue profesionalizando en el servicio, de tal forma que perdió la sensibilidad por lo que Dios podía hacer. Por eso no pudo ser partícipe de lo más importante que estaba sucediendo en ese momento frente a sus narices: la sanidad de la mujer encorvada. No sea cosa que nos suceda lo mismo. Que las ocupaciones ministeriales, los problemas que surjan en la visión y los roces en el servicio nos impidan ver a Cristo en medio de nuestra congregación.

Osvaldo Carnival



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