Cosecha final

Salmos 126:5-6
“Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán. Irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla; Mas volverá a venir con regocijo, trayendo sus gavillas”.

Hemos orado mucho tiempo para que nuestros familiares y amigos conozcan al Señor. Pero ¿cómo se produce la cosecha?.
La tarea de sembrar es una tarea trabajosa, de mucho esfuerzo y horas de tarea, con horas de cansancio. Esas son las lágrimas, pero cuándo llega el tiempo de la cosecha el que ha de hacerlo es feliz; tendrá su fruto, lo podrá vender, comer y disfrutar del fruto de su trabajo. Pero la etapa de sembrar es la más dificil: uno pone la semilla, pasa un día y pasa otro y no ve nada. Hay que aprender a esperar y el fruto llegará.
“La cosecha un proceso que se inicia con lágrimas y dolor, pero si se lo continua trae maravillosas bendiciones”.

EL PROCESO DE COSECHA REQUIERE ARAR LA TIERRA

La cosecha es un proceso. No es una sopa instantánea, algo rápido. Es un proceso y este principio lo podemos aplicar a todo: a vidas convertidas, a lo económico, a lo familiar, etc.
Arar implica romper la tierra, abrir un surco; se la prepara para poner la semilla. ¿Qué es lo que ara la tierra? Una oración compasiva. El nivel más superficial de la oración es el que pide por lo de uno: “pido por mi y por mi”. Es una oración infantil. El bebe dice todo es mio. A veces hay niños espirituales que repiten esto, pero la oración compasiva dice: “Padre salva a los perdidos, trae salvación, gracias, yo ya soy rico en Ti”. Somo ricos en Jesús. Me emocionó el testimonio de un matrimonio muy joven que me decía: “Pastor, nos casamos con nada. Le pedimos al Señor una bicicleta para poder movernos, y nos acordábamos de un mensaje suyo que hablaba de no menospreciar el día de las pequeñeces y entonces aprendí a valorar lo poco, entonces empezamos a agradecer lo poco, esa bicicleta que teníamos. Y luego llego la moto y después dos, pero nos mojábamos cuando íbamos al trabajo y entonces llegó el auto y lo cambiamos tres veces hasta llegar a hoy que tenemos el cero kilómetro. Al casarnos alquilábamos y hoy tenemos el crédito para tener nuestra casa propia. Aprendimos a agradecer y bendecir lo cada etapa de la vida”. Dios es grande!
Una oración compasiva tiene misericordia por los demas, intercede por lo que más necesitan, sostiene espiritualmente a los que lo rodean.

Mateo 9:36
“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”.

El Señor se compadecía de la gente. Compadecerse es una capacidad que se traduce en EMPATIA. Esto es ponernos en los zapatos de otra persona.
Un neurólogo decía que solo el ser humano tiene la capacidad de poder compadecerse con otra persona. Hay una nueva disciplina que es la neurocienca y estudia la conducta que dispara el cerebro. Cuando uno ve a una persona en necesidad se disparan estas neuronas y allí nos compadecemos y el Espítitu Santo nos activa para compartir de Jesús, una oración o un alimento. Antes de conocer a Cristo no eramos así, pero al conocerlo empezamos a sentir el dolor de los demas, una urgencia de hacer algo por aquellos que sufren. Eso lo pone el Espíritu Santo. Si no lo sentiste nunca pedíselo al Señor, que puedas sentir esa carga en tu corazón.

EL PROCESO DE COSECHA REQUIERE SEMBRAR LA SEMILLA

Juan 12.24
“De cierto , de cierto os digo que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere
queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto”.

Este es uno de los principios escenciales de la vida. No es otra cosa que darse. Quién no aprenda a dar, no aprenderá a vivir. Yo no podía comprender como algunas personas llegaban al final de sus vidas y estaban solas. Vos seguro conocerás a alguien, que ni el perro le mueve la cola cuando viene. Eran personas que vivían para si mismos, personas que no murierion a si mismos. Como dice la Biblia, “si la semilla cae y muere lleva fruto”. Vivir es morir. Cuándo uno está dando está muriendo dentro suyo pero sabemos que todo lo que das te vuelve. Díganme porque a algunos no les vuelve nada. Son aquellos que no comen huevo para no tirar la cáscara. Son aquellos que no sacan una pastilla en la Iglesia para no convidarle al de al lado. Esas son personas tacañas, amarretes, que viven para ellos. La semilla hay que sembrar.
Una hermana fue prosperada por el Señor con unos terrenos que estaban en Santiago del Estero. Al verlos agradeció a Dios y dijo “¿qué hago yo aca?” y el Espíritu Santo le dijo: “yo te traje aca para prediques mi Palabra”. Entonces fue a una casa vecina a los terrenos y llevó la Palabra de Dios y toda la casa recibió a Jesús y así tambien otros vecinos. La ciudad llamada Frías, en Santiago del Estero queda a 1.056 kilómetros de Capital Federal y esta hermana viajaba cada mes a hacer célula con estas familias y tiempo después se fue a vivir a esa ciudad y Dios la prosperó grandemente. Esto paso hace 2 años, en el mes de Octubre el Pastor Marcelo Zacarías visitó la ciudad, luego vinieron 13 de los nuevos hermanos al Encuentro y luego hicieron una campaña con más de 120 personas.
Todo esto fue posible porque una mujer se compadeció de esas personas y dejó de mirarse a si misma y dijo “Señor aquí estoy, úsame”. No hay tarea más importante y gratificante que servir al Señor. El que no tiene algo por lo que morir no tiene algo por lo que vivir”. Me preocupa cuando alguien no tiene nada por lo que morir en la vida. Necesitamos sumarnos a la obra del Señor. No hay nada que te de más alegría que servir a Cristo. Debemos llenar Argentina con el Poder de su Palabra.
Debemos ser los labradores que trabajen la tierra, que siembren la semilla, que lleven la Palabra a todo lugar.

Que nuestra oración sea “Señor te entrego mi vida para sevirte, estoy dispuesto a llevar tu Palabra”.



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