¿Cuál es tu punto de felicidad?

David Lykken, profesor emérito de la Universidad de Minnesota, elaboró lo que llama la teoría del «punto de felicidad». Él sostiene que la mayoría de la gente regresa a su nivel anterior de felicidad, de seis meses a un año después de acontecimientos dramáticos como la tristeza por perder a un ser querido, o la emoción de mudarse a la casa soñada. Llama a ese punto de referencia original su «punto de felicidad».
Sin embargo, el cristiano tiene una clase diferente de «punto de felicidad», uno que no depende de los altibajos normales de la experiencia humana. No depende de los sentimientos ni las emociones que se modifican día a día. La Biblia nos dice que busquemos nuestro gozo y nuestra sensación de bienestar en el Dios inmutable y no en nuestras circunstancias cambiantes. David el salmista alabó a Dios diciendo: «Tú diste alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto» (4:7). David tenía una fuente de gozo que no estaba vinculada con la prosperidad económica. En realidad, la alegría que Dios le dio fue mayor que la de cualquier suerte inesperada.
Tendremos la misma experiencia que el salmista cuando dejemos de decir: «Sería más feliz si. . .», y empecemos a afirmar: «Doy gracias a Dios porque. . . ». El gozo que se centra en nuestro Dios inmutable, independientemente de nuestras circunstancias, debería ser el «punto de felicidad» del todos nosotros.
Tal vez su esperanza de felicidad esté puesta en los políticos, en la economía, en su empresa, y es bueno que así sea, pero permítame decirle que ellos no podrán brindarle la felicidad que espera. Sólo Cristo puede permitirle alcanzar esos sueños de felicidad que tanto anhela.

Osvaldo Carnival



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