Despójese del odio

No es posible que aspire a un presente mejor si continúa con el lastre del ayer. No podrá descubrir su destino si no deja atrás lo que ya pasó.

La amargura es una actitud que nos lleva a no perdonar las ofensas. Y, al igual que el cáncer, crece y crece hasta que destruye todo lo que nos rodea. Es como una raíz que brota en lo más profundo del corazón y contamina todo nuestro ser con esa gran amargura. Este tormento provoca sentimientos negativos hacia aquellos que nos dañaron, como la venganza, que es la más destructiva de las emociones humanas. Juan es un joven que tuvo la desgracia de perder a Luis, su hermano, fue asesinado por otro muchacho de su barrio. Él sabía quién lo había hecho y comenzó a buscarlo hasta que finalmente lo halló. El siguiente paso de su plan era hacerse amigo de ese sujeto, con el único propósito de vengar la vida de su hermano. Cuando, ganó su total confianza, compró un arma para quitarle la vida. Una noche llegó a la casa del asesino, después de contarle algunas historias sacó el arma y lo acusó de ser el responsable de la muerte de Luis. Le dijo que sentiría el mismo sufrimiento que experimentó su hermano cuando lo ejecutó. El muchacho comenzó a suplicarle desesperadamente que no lo matara. Juan lo hizo arrodillar, le colocó la pistola en la cabeza y, luego, gatilló el arma…pero, aunque parezca increíble, la bala no salió. En ese instante, Juan sintió una voz interior que le decía que no lo hiciera. Entonces, comenzó a llorar y se fue del lugar. Si bien él continuó con sus actividades y disfrutaba de una vida feliz junto a su esposa e hijos, aún conservaba ese sentimiento de venganza. Desde que se levantaba hasta que se acostaba, pensaba obsesivamente cuál sería la mejor manera de matar a ese hombre sin fallar de nuevo.

Imperceptiblemente sus relaciones se deterioraban, porque tenía “la cabeza en otro lado”. Hasta que en una ocasión, lo invitaron a participar de un retiro espiritual donde comprendió la importancia del perdón. Al regresar, Juan pudo perdonar al hombre que le había quitado la vida a su hermano y se liberó por completo de esa profunda amargura que lo había atormentado durante tanto tiempo. El perdón fue la clave para restablecer su vida y salvar a su familia que estuvo a punto de perder. Quizás descubrir que el único remedio para curar el odio es el perdón también lo ayude a usted, como a Juan, a dejar atrás sus deseos de tomar revancha por las ofensas recibidas, y, de este modo, podrá librarse de un pasado que no lo deja vivir en paz.

Osvaldo Carnival
Tomado del libro «El Destino» de Osvaldo Carnival



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