Días sin respuestas

“Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos. Génesis 22:8

En momentos cuando la vida no parece sencilla. Cuando la situación económica parece acorralarnos, surgen preguntas sobre el futuro. Cada individuo experimentó esta sensación de no saber lo que sucederá mañana. A través de los siglos el hombre quiso armar estructuras para sostener aquello de lo que pretende asirse, pero de pronto todo se desmorona y nada queda de aquello que tantos años nos costó construir.

Aunque presumamos que esto es solamente fruto de la inestabilidad actual, puedo asegurarle que no es así. En esta misma situación se encontró Abraham cuando Dios le pidió que entregara en sacrificio a su hijo. Isaac era fruto de un milagro. Dios mismo se lo había regalado. Abraham y Sara eran muy ancianos cuando concibieron a este hijo. Todo parecía estar bien. Isaac había nacido e invirtieron en él su mejor esfuerzo. Pero la prueba llegó, y con ella la fidelidad y la obediencia se hicieron presente. Abraham no dudó ni un segundo en obedecer a lo que Dios le pedía. Él sabía que un plan más allá de su entendimiento acontecería y que sólo Dios estaba capacitado para verlo.

Sin más, Abraham tomó a su hijo y junto a lo necesario para presentar holocausto se alejó. Durante tres días Abraham viajó con esta carga, más allá del peso era el dolor. Amaba a su hijo más que a su propia vida. Los pensamientos cruzaban su mente como bengalas, pero su amor a Dios y su fidelidad lo sostuvieron en sus pasos.

Todo estaba listo para la inmolación. Tomaron la leña, el fuego y el cuchillo. Entonces surgió la pregunta de su hijo: “Padre mío, he aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto?”. Esa pregunta traspasó el corazón de Abraham. Cómo le diría a Isaac que él sería el sacrificio.

Tal vez usted se encuentre en ese instante. Quizá tenga que regresar a su casa y decirle a su esposa que ha perdido el trabajo o que no le pagaron lo que le debían. Es el momento de las preguntas sin respuestas. Pero en el corazón de Abraham había certezas. Él sabía algo muy importante: “Dios se proveerá de cordero para el holocausto”. Y así sucedió, el cordero estaba allí muy cerca de ellos listo para ser presentado en sacrificio. Dios proveyó la respuesta a esa pregunta.

Imagino que su vida estará rodeada de preguntas sin respuestas. Pero permítame decirle que hay Alguien que tiene las respuestas a cada una de ellas. Sólo necesita de su fidelidad y su obediencia. Cuando le pregunten acerca de su futuro diga con fe: Dios proveerá, Él tiene la respuesta.

Osvaldo Carnival



Comience a escribir para buscar