El Poder de la oración

¿Cómo definir la oración? La oración es la vía de comunicación por medio de la cual tenemos acceso a Dios. Podríamos decir que es el camino para conocer lo divino, lo Sobrenatural. Es la forma de alcanzar la respuesta de Dios a las necesidades más profundas que tenemos. Además, la oración aquieta al alma en las circunstancias más difíciles y adversas que el ser humano puede atravesar. A veces el alma está alterada, revolucionada, eso no es otra cosa que lo que se denomina ansiedad.

La ansiedad es la inquietud del alma. A mi me pasa, porque muchas veces me siento inquieto, diciendo “y qué tengo que hacer y por qué no hago algo” y el Espíritu Santo me dice “ora, descansa. Aprende a confiar”.

La oración no es una habilidad, es aprender a depositar nuestra confianza en las manos de Dios que puede convertir lo imposible para mí, en algo posible, más allá de mi comprensión o de mi razonamiento. La oración no es una habilidad que alguno dice “ah yo no se orar”, y es que no hay que aprender mucho para orar porque orar es confiar.

Orar no es decir lindas palabras: “Padre Celestial Altísimo, que habitas en las luces nunca alcanzadas por la mente incomprensible del hombre”; uno dice wow que oración. Qué dijo?! Orar es confiar: “Señor te entrego esto, te rindo lo otro”. Uno puede orar con flores, con todas las palabras lindas, pero sí luego de eso se aun se lleva el problema consigo, esa oración no sirvió para nada.

Orar es la puerta a lo sobrenatural. La oración mueve la mano de Dios. La Oración produce acción en el Cielo. Hay revuelo en el Cielo cuando alguien está orando.

Yo siento que el Espíritu Santo está obrando. Él va a despertar tu alma, Él va a inquietar tu corazón para creer en su Poder.

Mira lo que dice Jesús sobre la oración:

Mateo 7:7

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.”

Hay tres acciones diferentes relacionadas a la oración, ¿cuáles son? Pedir, buscar, llamar; tres acciones específicas que nos hablan de una persistencia.

Por medio de la oración nos aferramos a Dios y a sus promesas. Es como alguien que se lo quiere llevar la corriente y encuentra un tronco y se aferra, y dice “no me voy a ir, no me voy a mover, no me suelto por nada”.

Cuando lo hacemos, nos tomamos de Dios, no asimos de Dios. Es como el barco que se amarra con la costa y parecería que el barco está tirando la cosa hacia si mismo, pero en la realidad no es la costa se acerca, sino en realidad, es el barco que se acerca a la costa. Cuando oramos no es que acercamos a Dios hacia nosotros, sino que nosotros nos estamos acercando a Dios. Eso es lo que pasa en la oración. Nosotros nos aferramos y nos acercamos. Dios quiere que nos volvamos a Él. Cuántas veces nos distraemos, cuántas veces confiamos en la palabra del jefe, de un hombre, la palabra que de alguien que puede tener influencia, pero la palabra en estos 40 días es que nos aferremos a Dios y le creamos a Él.

El primer nivel de oración: PEDIR

¿Cómo dijo Jesús en Mateo 7:7? “Pedid y se os dará”.

Es el nivel más básico. Este es el nivel llamado a suplir una necesidad.

Se basa en el “yo necesito” y porque necesito, pido.

Es el nivel de los niños. La manera que el niño desde que nace aprende a relacionarse con el mundo externo, es por medio del pedir. Como todavía no puede verbalizar, cuando nace lo hace a través del llanto. Como el nene no habla, llora y “el que no llora, no mama” dice el refrán.

Entonces el nene llora y llora y la mamá dice “ah, necesita la leche” y entonces lo alimenta. O quizás recién comió, entonces hay que cambiarlo o ya comió, ya lo cambié entonces le debe doler la pancita. Pero el llanto es la forma de pedir ayuda, auxilio.

Este es nivel más básico, en el que nosotros empezamos con el “Dios necesito esto”, “dame esto y dame lo otro”; se relaciona con la necesidad.

Dios conoce nuestra naturaleza. Pedimos por problemas personales, adicciones, peleas; miren acá los pedidos de oración que tenemos; es el nivel más básico de oración que debemos de implementar en nuestra vida.

Somos movilizados por crisis que nos hacen pedir y experimentar lo sobrenatural de Dios.

Por eso digo que una oración contestada puede ser el inicio de una vida profunda de Fe. Claro, un hombre de fe, como los que leemos en la Biblia que empezaron con una oración simple y Dios le contestó y dijeron “es real, me escuchó!” y a partir de ahí comenzó un camino, se convirtió en un hombre y una mujer de fe.

Ese niño tiene expectativas de crecer -todo padre quiere que el hijo crezca- y no que tenga 38 años y siga llorando para que le den la mamadera; que diga “mamita traeme el desayuno a la cama”. Muchas veces me pasa, viene una mujer y me dice “Pastor ore por mi nene, es que tiene problemas” y yo le digo “cómo se llama”, “robertito” y “cuántos años tiene robertito”, “55”. No es robertito, es robertazo! Flor de grandulón. Pero claro la mamita no quiere que crezca, pero nuestro Papito quiere que crezcamos. Muchas veces comienza con una oración que nos permite ver la Gloria de Dios.

Una vez una persona me dijo “cuando vino por primera vez, no entendía nada pero su hija estaba con un tumor. En la oración clamamos por la sanidad de los tumores, mencione que Dios estaba sanando a una persona con un tumor en el pecho, el había levantado la mano, sintió un calor. Volvió a la casa y se encuentra con su hija le dice papá tengo que darte la noticia: el médico me dio los análisis me dijo que el tumor desapareció”. Gloria a Dios y esta persona me dijo, “sabe Pastor esto fue para mi una señal para afirmarme y empezar a congregarme”. También me acuerdo que después de contar algo así, un ujier me dijo “Pastor, cuando vine por prima vez dijo que alguien tenía un cáncer de 17 años y que el Señor estaba obrando, y era lo que estaba viviendo mi mamá. Al tiempo ese cáncer se revirtió y fue sana completamente. Allí comencé a creer en milagros”.

Por eso una oración es el principio, alguien dijo: “Orar significa abrir con ilimitada confianza a Dios, a su amor paternal y luego salir corriendo alegre como un niño”. Leí una historia que me impactó tanto, el era George Müller y vivió durante el Siglo XVIII.

George se hizo cargo de un orfanato. Él era un hombre de fe, su economía estaba muy escasa y en un momento no tenía qué darle a los huérfanos y en esa oportunidad lo había visitado un amigo. Él se había levantado bien de mañana para orar y luego le dijo al amigo “vamos a ver lo que Dios va a hacer”. Llegaron y preparan la mesa para el desayuno pero no tenían nada. De repente golpearon la puerta, George Müller fue a abrir. Era el panadero del pueblo, que le dijo “algo me inquieto por la noche y a las 3 am y me levante con una profunda convicción en mi corazón de que en el orfanato no tenían pan para los niños, entonces me puse a cocinar y le traje el pan que necesitan”. Minutos después vuelven a golpear la puerta, George atiende y era el lechero que pasaba por allí. Este hombre le dice “sabe, estaba de paso por aquí y se rompió mi carro y con la temperatura tan alta que hay, la leche se va a poner agria y tome la decisión de donarle toda la leche para el hogar de niños”. George no pudo más y declaró “Señor vos sos fiel, cuando clamamos a Ti siempre escuchas la oración”.

El segundo nivel de oración: BUSCAR.

Este es el nivel medio.

Mateo 7:7 dice “buscad y hallaréis”.

Es el nivel que no dice “yo necesito” sino que dice “YO QUIERO” y porque quiero me movilizo. No me quedo, me levanto. Empezamos a volcar en Dios nuestro futuro.

El pedir es pasivo, pido y me siento a ver que pasa. En este nivel somos activos.

Oramos, pedimos, salimos a tocar puertas, llamamos por teléfono. Estamos activos.

Oramos pidiendo que la Voluntad de Dios se manifieste. Es comenzar a tomar pasos de fe.

En Lucas 18 Jesús cuenta la historia de una viuda de condición, que se encuentra sola y es acosada por “el adversario” que la persigue, la hostiga. Ella va al Juez y éste no le quiere hacer justicia porque es un “Juez malo” que no la oye; pero la mujer insiste, persiste, la mujer busca y va todos los días y golpea puertas, la mujer no se queda quieta. En Lucas 18:7 Jesús va a decir de ésta mujer: “¿A caso Dios no hará justicia a sus escogidos que claman de día y noche? ¿Se tardará en responderles?”.

Aquí vemos el segundo nivel que busca dirección, que no se queda quieto, aprende a depender de Dios en todo momento.

Este es el nivel donde me uno a otras personas. No es solo mi oración, sino que me uno a otras personas para pedir y clamar, por eso vamos a tener estas tres noches de milagros, para que la oración independiente en nuestra casa, se transforme durante esas noches en un clamor unido. Me junto, me uno con mis hermanos. Allí se genera una sinergia poderosa de oración. Una es la unción cuando pido solo y otra cuando pedimos unidos: “donde haya dos o tres reunidos en mi nombre, yo voy a estar” dice el Señor. Veremos grandes milagros y testimonios para la Gloria de Dios; y mucha de la gente por quienes estamos orando, esas noches van a conocer a Jesucristo.

Leonardo Ravenhil dijo «Una iglesia unida que ora, es el peor problema para el infierno, es por eso que Satanás busca destruirnos y evitar que oremos”.

Cuando nos unimos a orar, cuando superamos las diferencias, cuando por encima de mis miradas y de mi individualismo digo “Señor dejo todo de lado, me uno a mi hermano y clamo”, algo poderoso pasa. Cuando yo provoco separación, desunión, confrontación, Satanás gana la batalla y la Iglesia se debilita. Por eso Pablo habla de una Iglesia debilitada cuando no hay perdón y está desunida, que no tiene poder, por eso Satanás se regodea y se levanta cuando nosotros no podemos superar las diferencias.

Pero una Iglesia unida que ora es el peor problema para todo el infierno.

En Hechos 12, la Biblia nos cuenta cuándo Pedro estaba en la cárcel y Herodes estaba a punto de sacrificarlo. Sobre esto Thomas Watson dijo: «El Ángel trajo a Pedro fuera del calabozo, pero fue la oración la que trajo al Ángel». Claro, el Ángel lo rescato pero fue la oración de muchos la que trajo al ángel de Dios para poder socorrer a Pedro.

Una oración que no está alineada a la Voluntad de Dios, es una oración desperdiciada. Por eso el segundo nivel de la oración es una oración que se alinea con la Palabra de Dios. Es la oración que paga el precio de hacer la voluntad de Dios, ya no pide como un niño, porque un niño a veces pide más chocolate y más chocolate y más chocolate y el padre ¿qué va a hacer?, no le va a dar más porque le va a hacer mal. El nene se enoja con el padre y le dice “no te quiero mas, no quiero saber mas nada…” y uno a veces se enoja así con Dios y dice “no voy más al culto, no leo mas la Biblia”, pensamos que Dios va a decir “ay no lee la Biblia! Ay, no va al culto”. Dios no tiene problema, el que se embroma sos vos y yo. Él no será menos ni mas porque no lo busquemos. Una oración que no está alineada con el corazón de Dios es una oración desperdiciada.

El tercer nivel es LLAMAR.

Mateo 7:7 dice “llamad y se os abrirá”.

Es el nivel más avanzado

Yo llamo porque se que se me abrirá. Esto es confianza; no me moveré hasta no ver la Gloria de Dios en mi vida. Si la misma historia de Mateo 7:7 la vemos en Lucas 11:5, Jesús antes de mostrarnos los tres niveles, cuenta una historia desde el versículo 5.

¿Quién de vosotros que tenga un amigo, va a él a medianoche y le dice: Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha venido a mí de viaje, y no tengo qué ponerle delante; y aquél, respondiendo desde adentro, le dice: No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y dártelos? Os digo, que aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo por su importunidad se levantará y le dará todo lo que necesite. Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente?, ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?. Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?”.

Es el amigo que viene en la noche, se planta y dice “hasta que no me abras no me voy de acá”. Molestar hasta que se me abra la puerta. Es la insistencia. El tercer nivel es el que aprende a pedir, ya no para él, sino que pide para el otro amigo.

El tercer nivel se despoja y dice “Dios no te vengo a pedir por mi, te vengo a pedir por los que sufren”. El tercer nivel es el del “señalador”. Hay gente que sigue espiritualmente niño y no sube al nivel del señalador. El nivel del señalador es el del cristiano que pide por los demás, por los amigos, por su familia, por otros. Se despoja de el para pedir por otros.

El hermano Bounds dijo: “Hablarles a los hombres de parte de Dios es una cosa grande, pero hablarle a Dios a favor de los hombres es aún mayor.” Esta muy bien que vos aprendas a hablarle a la gente de Dios pero todavía es mas grande cuando le hablas a Dios de la gente que sufre y necesita ayuda. Es la intercesión. Cuántas veces escuchamos testimonios de las cosas que Dios hace a través de la oración de otro que está pidiendo. Por eso también compartimos la idea de llevar algunas de las tarjetas de oración a los lugares de trabajo y decirle “estamos orando por las necesidades y yo voy a hacer que te sumen a esa cadena de oración”. Muchas veces hay gente que dice “yo no creo, yo no creo, hasta que vio” y dijo: “la verdad es creer o reventar porque yo estaba mal y te di el papelito, lo llevaste a la Iglesia y ocurrió un milagro”.

Me acuerdo la historia de una mujer que perdió un anillo valioso en un Teatro y llamó por teléfono al gerente de ese lugar y le dijo que había perdido su anillo de diamantes la noche anterior. El hombre le pidió que espere en línea. Se hizo una búsqueda por la sala y el anillo fue encontrado; pero lo sorprendente fue que cuando este hombre regresó al teléfono, la mujer había colgado. Esperó a que volviera a llamar, y aún puso un anuncio en el periódico por este asunto, pero nunca volvió a escuchar de ella.

Hay gente que por no saber esperar, se pierde grandes cosas que Dios quiere hacer en ellos. La persona que vive el tercer nivel de oración dice “no importa lo que tenga que esperar, sea una hora, un día, un mes, yo voy a confiar, porque Él es fiel y se que veré su Gloria manifiesta en mi vida y no me dejaré vencer, yo voy a creer”.

Juntos vamos a insistir, vamos a ser persistentes. Debemos ingresar en el tercer nivel.

No solo pedir, sino buscar el propósito y persistir en la oración por los que necesitan un milagro. Yo siento que al finalizar estos 40 días de ayuno y oración muchos van a ingresar en un nuevo nivel de oración. El Espíritu Santo está despertando hambre para conocerlo a Él. Debemos decir no me quiero quedar donde estoy, no quiero ser un religioso, quiero más, quiero crecer, quiero más de tu Gloria, quiero ver la manifestación de tu Espíritu Santo, Señor.



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