El que espera no desespera

“No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos” (Gálatas 6:9).

¿Trabaja arduamente y se esfuerza, pero no ve los resultados? Muchas veces uno hace bien sin mirar a quién, pero llega un momento que dice: “A mí me van a tomar por tonto, yo no puedo seguir en esta misma actitud”. Y nos cansamos de hacer bien y que los demás se burlen de nosotros.

Durante mucho tiempo trabajamos arduamente en nuestro futuro, en un emprendimiento económico y el tiempo pasa y no comprobamos resultados y nos desanimamos. Pero hay una ley espiritual que Dios estableció en el libro de Génesis. Luego del gran diluvio, Dios le dijo a Moisés: “Mientras que dure el tiempo, mientras que dure la tierra, va a permanecer la siembra y la cosecha”. Esta es una ley espiritual.

Cuando un labrador comienza su siembra, prepara la tierra y siembra la semilla. El siguiente trabajo del labrador es la espera silenciosa del crecimiento hasta ver los frutos. Nada de lo que él haga acelerará los tiempos de la cosecha. Todo cultivo necesita un proceso. Si durante este tiempo que transcurre naturalmente el labrador se desanima y desmaya, es lo peor que puede ocurrirle. Porque sabe que aunque no lo vea, la semilla que plantó inevitablemente crecerá, y ya no depende de él ese crecimiento. El tiempo y la gracia se lo dará. Solo necesita tiempo. Ese es el secreto: TIEMPO.

Dios nos dice en su palabra que cosecharemos si no desmayamos. Hay personas que faltándole un round para la victoria tiran la toalla y dicen: “No puedo más, no aguanto más, yo no sé qué más hacer, ya no soporto vivir así. Dejo todo”. Pero no se dan cuenta que ya Dios tiene preparada la victoria para su vida. El fin de una buena siembra es ineludiblemente una buena cosecha. Él ya tiene marcada una salida, una bendición, una apertura, solamente debe perseverar.

Muchas veces, el desmayar y desanimarse tiene que ver con actitudes. El desánimo nos hace entregarnos, bajar las velas, dejar de pelear, dejar de lucha. Más el Señor le dice que si no desmaya, a Su tiempo cosechará.

Uno quiere crecimiento instantáneo, todo rápido como un café. Se pone un poquitito de café, azúcar, se bate, le agrego agua, y ya está hecho. Esta es la mentalidad del microondas, todo rápido, todo instantáneo. Pero así no es la vida que no está marcada de esta manera. Hay un tiempo para todo: el nacimiento, el crecimiento en el vientre de la madre, son nueve meses necesarios porque Dios lo hizo así. Hay que desarrollar paciencia, hay que saber esperar, hay que entender que todo tiene un proceso. Así también es el trabajo del labrador. Dios nos desafía a tener la paciencia del labrador, a aprender de él y a no desanimarte ni desmayar. Porque cosechará si no desmaya.

¿Está trabajando en alguna área? ¿Esta sembrando en su trabajo, en su familia, en la relación con sus hijos, o en el matrimonio? ¿Está trabajando una tierra? No desmaye, manténgase firme, espere en Dios y pronto verá los frutos de su actitud paciente.

Osvaldo Carnival



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