Hagamos a Dios más grande

Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mas abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a Él sea gloria en la Iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén” (Efesios 3:20).

La Biblia presenta a Dios como poderoso, en Él no hay incapacidades, nosotros tenemos incapacidades. Lo presenta como un Dios activo, que se mueve poderoso para hacer, para obrar sin limite!
Hace las cosas mucho mas abundantemente de lo que pedimos o entendemos.
Dios va a hacer todas las cosas con excelencia y abundancia, de manera extravagante.
Mas allá de lo que pedimos, mas allá de lo que entendemos, su obrar traspasa todo límite de interpretación humana. La limitación que Dios puede hallar no está en Él, está en nosotros, nuestras vidas muchas veces no reflejan a ese Dios ilimitado. Todo lo que Dios es y puede hacer está condicionado a ”según el poder que actúa en nosotros”. La fe marca la dimensión de nuestro Dios. Dios puede ser tan grande como le puedo creer. Si mi fe crece, crecerá Dios en mí. Si mi fe crece, crecerá su obrar en mí.
La acción de la fe manifestará a ese Dios que es poderoso para hacer todas las cosas mucho mas abundantemente de lo pedimos o entendemos. El desafío es realizar actos de fe que marquen el camino de cosecha y bendición.
Un acto de perdón: llamá a alguien para reconciliarte y Dios se manifestará.
Un acto de ofrendar: apartá una ofrenda especial, te abrirá una puerta económica.
Un acto de evangelizar: hablale a alguien de Jesús y discipulalo.
Un acto de compasión: hacé algo para aliviar el dolor de otro que sufre.

¡Tenemos la gran oportunidad de hacer a Dios más grande de lo que es dentro de nosotros!



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