La mala comunicación acarrea malentendidos

Luego de colaborar en la tarea de asesorar a cientos de matrimonios que atravesaron crisis en los primeros tiempos de casados, recuerdo que mi esposa me comentó la idea de poder grabar una cinta donde explicarle a la pareja cómo resolver los conflictos de los primeros años de casados. Cada pareja piensa que sólo a ellos les sucede; pero, en realidad, todos atravesamos por los mismos problemas. Todos tuvimos problemas al comenzar. Por lo general, iniciamos la relación con una gran ilusión y con muchas expectativas positivas, pero, a pesar de que los conflictos no se esperan, llegan. Cuando esto sucede, pensamos que sólo nos pasa a nosotros, y comienzan a surgir las preguntas: ¿Me habré casado con la persona correcta? ¿Me habré equivocado?

Nos sorprende el temor, pero nada de esto es cierto. Es sólo que la pareja inició el camino hacia la madurez, el camino de la fusión del uno y el otro.

En cierta oportunidad, recuerdo una charla con una pareja que atravesaba un tiempo de conflicto. Comenzaron a reprocharse el uno al otro:

—Porque si él pusiera su 50% y yo, mi 50 %, entonces, esto, sí, funcionaría —dijo con énfasis la reciente esposa. En ese momento, la interrumpí y les dije que no era exactamente esa la manera de hallar la solución.

Para que verdaderamente un matrimonio funcione, no sirve de nada poner el 50 %, porque ¿cuál será el destino del otro 50%? Seguramente, lo pondré en mí mismo. El verdadero secreto es poner el 100 %; sólo así funcionará, cuando lo pongo todo, cuando lo entrego todo.

La mala comunicación puede acarrear muchos malentendidos. Un hombre salió de la nevada ciudad de Chicago para pasar unas vacaciones en el cálido estado de la Florida. Su esposa estaba en viaje de negocios y planeaba encontrarlo allí el día siguiente. Al llegar al hotel en Florida, el esposo decide enviarle un mail a su mujer. Como no encontró el papel donde había anotado el correo electrónico de su esposa, trató de recordarlo de memoria y suplicó que no estuviera errado. Por mala suerte, se equivocó en una letra, y el mensaje fue a parar a la esposa de un pastor, que había muerto el día anterior. Cuando la esposa del difunto revisó sus mensajes, dio un grito de horror y cayó desmayada. Al oírlo, su familia corrió para ver lo que sucedía. Cuando entraron al lugar, leyeron el texto del mail en la pantalla de la computadora. Decía:

«Querida esposa: Acabo de llegar. Fue un largo viaje. Aquí todo es muy bonito. Muchos árboles, jardines… A pesar de tener aquí pocas horas, me está gustando mucho. Ahora voy a descansar. Hablé aquí con el personal y está todo listo para tu llegada, mañana mismo. Estoy seguro de que te va a encantar.

Besos de tu amoroso esposo.

P.D.: ¡Está haciendo un calor infernal aquí!».

Las parejas enfrentan un sinnúmero de situaciones complejas a lo largo de su existencia, pero aquellas que perduran en el tiempo gozan de un común denominador: aprendieron a comunicarse. Es que lo cierto es que el primer punto de contacto de una pareja pudo comenzar en un cruce de miradas, pero en realidad, fue la conversación, el intercambio de ideas, lo que le dio inicio y forma a la relación.

Gracias a la comunicación, podemos conocernos y expresar nuestras ideas y emociones, y en un matrimonio esto es fundamental. ¿Recuerda la cantidad de tiempo que usted solía pasar con su esposa cuando recién se conocieron? ¿Las largas charlas telefónicas que siempre resultaban cortas, salvo que los que nos rodeaban nos indicaban lo contrario? Las largas cuentas telefónicas para pagar nos daban nota de lo mucho que nos comunicábamos. Esos eran días en los que parecía que siempre había temas por charlar, y el tiempo se pasaba rapidísimo. Quiero decirle que esa realidad no es sólo para esa etapa, no se agota en el noviazgo. ¡Hay mucho más por conocer del otro y por hablar! Las parejas que no la desarrollan entran en un estado de aburrimiento y, en los momentos de crisis, recuerdan con nostalgia qué pasó con ellos que ya casi no hablan de nada. Esta no tiene porque ser su realidad. El matrimonio, a veces, piensa que por el hecho de vivir bajo el mismo techo, o por contar con cierto grado de intimidad sexual, ya esto es indicio suficiente de que se están comunicando. Pero nada más lejos de la realidad: la comunicación se debe alimentar por medio de la conversación.

En un primer acercamiento con un desconocido, nos vinculan frases simples, tales como: «¡Qué lindo está el día! o ¡Qué calor hace hoy!». Cuando el vínculo es un poco más cercano, solemos comenzar a expresar hechos. Estos son como informes de cosas que suceden, por ejemplo: «¡Perdí el tren para ir al trabajo!». Existe un nivel más que nos lleva a expresar lo que pensamos.

Aquí hemos crecido en nuestro horizonte de intimidad, ya que no a cualquiera le diremos nuestras ideas sobre diferentes temas. Sin embargo, podemos avanzar un poco más y llegaremos al momento en que, debido a la seguridad, podemos expresar al otro lo que sentimos: este es un nivel muy importante ya que esto sólo se lo decimos a aquellos en los cuales confiamos.

Pero aún existe un lugar más íntimo en la relación, y es cuando abrimos las puertas de nuestro corazón y revelamos la intimidad de lo que nos sucede.

¿En qué nivel está usted? Siempre se puede crecer y profundizar la relación un poco más en su matrimonio. Póngalo en práctica.

Osvaldo Carnival

Tomado del libro La familia primero



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