Quiero ser tu amigo

Cuán importante es tener un buen amigo en la vida, alguien con quien compartir, con quien charlar. Es un desafío encontrarlo y cuando lo hacemos debemos cuidarlo

Pero quizás te pasó el acercarte a alguien en busca de su amistad y fuiste rechazado, te ignoraron, te dieron vuelta la cara, no te dieron lugar, no fuiste escuchado, que dolor, que decepción que te debe haber causado. Que horrible es ser rechazado, que feo es ser dejado de lado, y que dolor tan grande es ser resistido.

Hay alguien muy importante que desea ser tu amigo, el Espíritu Santo. Una y otra vez él busca nuestra amistad, se acerca, nos habla, nos inquieta, nos ayuda, nos fortalece, nos sostiene, nos ama, nunca nos rechaza, siempre nos espera.

Ahora cuántas veces quizás el Espíritu Santo quiso ser nuestro amigo y lo rechazamos y aún lo resistimos. No le queremos oír, le pedimos que se calle, justificamos nuestras debilidades y nos escapamos de El y sus consejos. En definitiva lo estamos resistiendo.

La Biblia dice en el libro de Los Hechos: “!Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistis siempre al Espíritu Santo” (Hechos 7:51)

¿De que manera resistimos al Espíritu Santo?

Una de las maneras es endureciendo la cerviz, la palabra cerviz viene de cervical, es la parte superior de la columna que se une con la cabeza. Cuando alguien inclina la cerviz lo que hace es inclinar la cabeza y reconocer a otro. Ahora la cerviz se endurece cuando no estamos dispuestos a reconocer al Espíritu Santo.

Dios envío a Jesús y los religiosos le resistieron en vez de obedecerle. Esa actitud es la que implica ser duro de cerviz. Es resistir a Dios que nos está hablando y nos está diciendo rendite, entrégate, seguime, arrepentite de ese pecado, y vos luchas y vos resistís. Si quiero mantener una amistad con el Espíritu Santo debo rendirme, entregarme a su voluntad.

También la cerviz se endurece cuando no estamos dispuestos a humillarnos, es aquel que agacha la cabeza y sabe reconocer que no siempre tiene razón y que el Espíritu Santo si tiene la razón en todas las cosas.El orgulloso tiene muchos problemas para acercarse al Espíritu Santo, cree que puede hacerlo todo solo, que no necesita ayuda de nadie, todo lo logró por su esfuerzo.

Humillarnos ante El es un hábito de todos los días, es reconocer nuestra limitación y nuestra humanidad.

El pasaje de Hechos también decía: Incircuncisos de corazón. La circuncisión se practicaba en los jóvenes hebreos al octavo día después de haber nacido y era la señal perpetua del pacto de Dios con su pueblo. Representaba el abandono del pecado y la consagración a Dios.

Ellos se llamaban el pueblo de la circuncisión y se jactaban de esto. Entendían perfectamente de que se trataba lo que Esteban le está diciendo, pero Esteban no les estaba hablando de un acto externo, sino de una actitud interna.

El llamado del Espíritu Santo es abrir el corazón, a sanar el corazón, a derramarlo delante de su presencia para que El lo sane y se apodere de mi y volvamos a ser personas que podemos sentir, podamos amar.

También el corazón puede herirse, pero el propósito del Espíritu Santo es sanar todas nuestras heridas, las cicatrices quedan para testimonio y ministrar a otros, pero el dolor se fue.

Por último resistimos al Espíritu Santo cuando somos incircuncisos de oído, es decir cuando nuestro oído no está consagrado a El.

El Espíritu Santo busca en todo tiempo hablar a nuestra vida, nos habla en la iglesia, en el trabajo, mientras lavas los platos, en definitiva en todo momento y en todo lugar.

El problema es que mucha veces solo oímos lo que queremos oír, nos encanta oír que Dios nos va a usar, que Dios nos va a bendecir pero no nos gusta mucho cuando el nos exhorta o nos corrige o nos da un consejo diferente a lo que nosotros pensamos. pero cuando lo oímos y obedecemos somos bendecidos en gran manera.

¡Que maravilloso poder contar con la amistad del Espíritu Santo!, no lo resistamos!, hagamos que el se sienta a gusto con nosotros.

Osvaldo Carnival



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