¿Se puede luchar contra Dios?

En los tiempos actuales, las preocupaciones diarias, el ritmo de vida, la carrera constante hacia un porvenir mejor nos lleva a vivir tensionados, nerviosos, estresados.

El estrés es un estado de presión mental que influye negativamente sobre la salud y las emociones. Los médicos le atribuyen al estrés gran cantidad de enfermedades y problemas laborales. Todos escuchamos frases como: “No fue a trabajar porque está con estrés”, “Tuvo una hemiplejia a causa del estrés”, “El pelo se le cae por culpa del estrés”, “Las manchas de la piel y la gastritis son resultado del estrés”, etc.

Muchas veces queremos ser más de lo que somos y hacer más de lo que hacemos. Competimos con Dios porque queremos ser dioses de nuestra propia vida. Peleamos con Él por alcanzar lo que como seres limitados nunca lograremos hasta que no pongamos las prioridades de nuestra vida en orden.

El libro de Éxodo nos cuenta que Moisés estaba sacando al pueblo de Egipto, y Faraón se levantó en su contra para impedirlo. Al llegar al Mar Rojo, Moisés observó frente a él un mar que no podía cruzar, junto a él un pueblo quejoso que murmuraba, y detrás de él, el ejercito de Faraón corriendo con sus carros y caballos dispuestos a aniquilar a todos los israelitas. Moisés estaba en un momento de gran tensión y estrés. El pueblo, la circunstancia y Faraón lo presionaban. Sin embargo, supo resolver la situación no basándose en sus posibilidades humanas sino confiando en el Señor de su vida. Entonces Moisés le dijo al pueblo: “Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos”.

Todos vivimos en el mundo bajo grandes presiones: las exigencias de los hijos, las deudas, la falta de trabajo, todas son presiones que recaen sobre nuestra vida. El secreto para que el estrés no nos alcance es saber que Jehová peleará por nosotros y nosotros solo tendremos que estar tranquilos. Tranquilos no significa ser irresponsables ni negligentes en medio de la responsabilidad que debemos asumir. El secreto para que Dios pueda darme la tranquilidad es que deje a Dios pelear por mí.

Una tarde de verano, un bañero y su amigo miraban el mar y vieron a un hombre ahogarse. El amigo notó la desesperación del hombre y animó al bañero a que rápidamente le brindara socorro, sin embargo, el bañero se quedo tranquilo, y tomó sin apuro el salvavidas y las sogas de rescate. Pasaron unos pocos minutos más y el hombre que hasta ese momento estaba a los manotazos ya dejaba de luchar y comenzaba a hundirse. Recién entonces el bañero comenzó a correr y momentos más tarde el joven fue rescatado.

Cuando el bañero regresó, su amigo le dijo: “Fue una locura lo que hiciste. ¿Por qué tardaste tanto en auxiliar a aquel hombre?”. La respuesta del bañero fue: “Yo necesitaba que él se cansara para poder ayudarlo. Si hubiera ido en el momento de su desesperación nos hubiéramos hundido los dos. Tuve que esperar que él se entregara y no luchara más con sus propias fuerzas, para que recién entonces sean mis fuerzas las que rescaten su vida”.

Solemos vivir a los manotazos y pelear la vida con nuestras propias fuerzas. Pero a veces Dios nos dice: “Hasta que no te entregues, hasta que no te rindas, no podré hacer nada por tu vida”. El propósito de Dios para nuestra vida se desarrolla cuando nos rendimos, nos entregamos, cuando dejamos de luchar.

Osvaldo Carnival



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