Sociedad de padres ausentes

Vivimos en un tiempo de gran crisis. Vemos en los políticos, los dirigentes, los maestros una gran incapacidad en encontrar soluciones a problemas que nos aquejan como robos, conflictos, homicidios.

A veces nos preguntamos: ¿Dónde estará la punta del ovillo? ¿Dónde se originarán todas las aflicciones? Creo que gran parte de la crisis que estamos viviendo pasa por tener una sociedad de padres ausentes. Es muy interesante ver lo que nos revelan las estadísticas sobre la realidad de las cárceles: en un alto porcentaje los convictos no han tenido la presencia de padres en su hogar ¿Por qué esto es una causa determinante en la crisis del ser humano y como consecuencia en la sociedad?

En primer lugar podemos decir que el padre es el que afirma, es el que tiene la tarea de forjar una correcta autoestima (el valor que nos damos a nosotros mismos). Un niño no puede tener imagen de sí mismo, la va construyendo a través de la imagen que le van dando sus padres. Por eso son fundamentales las palabras que los padres hablan a sus hijos, que deben ser un estímulo constante de aliento y afirmación de la personalidad.

Recuerdo cuando mis hijos eran chicos, ellos permanentemente buscaban que los mirara, cuando se tiraban a la pileta, cuando andaban en bicicleta, en realidad lo que esperaban era mi afirmación. Recuerdo que al finalizar una charla sobre la familia, un hombre mayor me comentó: ”sabe pastor nunca mi papá me dijo que se sentía orgulloso de mí y en esta tarde me di cuenta que Dios me ayudó a restaurar mi autoestima”. Es importante que nosotros podamos afirmar a nuestros hijos en la formación de su personalidad.

Otro punto importante, es que el padre es quien pone los límites. El joven que se va formando necesita que alguien le diga: “Hasta acá”, “esto no se puede hacer”. Si esto no sucede este joven va a tener problemas y en la medida que vaya creciendo encontrará problemas en la escuela primaria y también en su desenvolvimiento en la calle. En la adolescencia seguirá creyendo que puede hacer todo lo que quiere, como por ejemplo manejar en estado de ebriedad, violar normas de vialidad y ya en esta instancia va a ser la justicia la que le ponga límites.

La Biblia, en el libro de Proverbios dice: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. La Biblia habla mucho de la necesidad de instruir al hijo. Instruir significa estrechar los límites, es decirle por acá se puede, por acá no se puede; es marcar un camino.

Siempre me pregunté por qué los diez mandamientos son tan negativos, por qué todos principian con “NO” ¿Será que Dios es negativo? La respuesta es ¡no! Dios oficia de Padre y le dice a su pueblo cuál es el camino, establece los límites. Por ejemplo en los juegos de mesa, lo primero que hacemos, antes de dar inicio, es leer las instrucciones, leer las “reglas”, no puede cada uno, hacer lo que quiera. Es muy interesante ver como se descubren las personalidades “jugando”, cuando todos quieren ganar, o cuando quieren modificar las reglas.

En tercer lugar el padre da un modelo. Hoy en día no hay modelos, hoy se es modelo por lo que se tiene y no por lo que se es. Los chicos los encuentran en programas de televisión, carentes de contenidos, o en tapas de revistas. Un padre enseña, no desde lo que sabe, sino desde lo que es, si es honesto, si es bondadoso, si es trabajador, responsable. El vocablo “padre” viene del griego “pater”, de donde se desprende la palabra “patria”, también la palabra “patrón” que es el que da las órdenes, el jefe; también nos remite a la idea de “Patrón de medida” o unidad de medida.

El padre es un modelo, establece una medida. La historia necesita de modelos, pero por sobre todas las cosas, los modelos deben estar en la casa, esto es fundamental. El poder ver a mi padre estableció en mí un modelo de honestidad, de trabajo, de esfuerzo, no me tuvo que explicar nada, con su manera de vivir y de caminar, el impregnó lo que debía ser en la vida. Por eso cuando no están estos modelos, la sociedad entra en crisis.

En cuarto lugar el padre es el que acepta, es el que abraza, muchas veces puede no estar de acuerdo, pero debe aceptar, esto es fundamental. Hay padres que no entienden esto y confunden el rechazo con la desaprobación. Yo puedo estar en desacuerdo con mi hijo, pero lo que nunca debo hacer es rechazarlo, porque en cuanto lo rechace habrá siempre brazos abiertos para recibirlo, brazos de la droga, de resentimientos, de malas compañías.

Por último el padre es el que da identidad, da proveniencia, un pasado, pertenencia. La identidad tiene que ver con los valores, con los principios que lo van a acompañar por el resto de su vida. Es fundamental que el hijo pueda verse constantemente identificado en aquel que tiene la tarea de formarlo. Por eso Dios pensó en la familia, hoy en día se buscan ideas facilistas, se cree que incrementar la seguridad, o imponer leyes más rigurosas, o poner mayor cantidad de policías en la calle puede solucionar los graves problemas por los que atraviesa la sociedad, pero si no podemos restaurar la familia, la sociedad no tiene esperanza.

Solo si nos empeñamos en cuidar la familia, tendremos mucha esperanza de poder reconstruir nuestra sociedad.

Osvaldo Carnival



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