Un vivo celo

Cuando Elías escapó a refugiarse en una cueva, Dios se le presentó y el profeta le dijo: “Tengo un vivo celo” (1 Reyes 19:14). El celo es aquello que nos preocupa, y para descubrirlo solo basta con ver dónde invertimos nuestro tiempo y dinero. Para saberlo, solo basta con ver dónde está nuestra cabeza. ¿Cuáles son tus preocupaciones? ¿Qué te desvela? Recuerdo que en mi juventud, podría haber elegido hacer cualquier cosa pero mi pensamiento era servir a Dios. En ese tiempo trabajaba en una empresa en la que llevaba la Palabra y encima me pagaban.
En Argentina hay un deterioro muy grande. Se han perdidos los valores como la familia y el hogar. No hay muros de contención y todo termina desbordando. La vida ha perdido el valor, tanto que matan a la gente por monedas. Los famosos han salido a hablar desde el dolor. Mientras que los políticos actúan cuando hay elecciones o después que suceden las cosas. Estamos en un momento crítico similar al que estaba atravesando Elías. Y yo sentía que si Dios no hace algo la Argentina no tiene solución. Necesitamos imperiosamente una visitación del Espíritu Santo.
Hace poco leí la biografía de un hombre llamado Hoover que marcó la historia de la iglesia cristiana en Chile. Este predicador a principio del 1900 comenzó a tener una gran inquietud espiritual, justo cuando ocurre un gran avivamiento en Gales. Allí, Evans Roberts, un joven galés que trabajaba en una mina estaba muy angustiado por el fracaso del cristianismo de su época. Él quería ver cambios y una noche fue visitado por un ángel. Luego de esto, asistió a un culto en donde se inició uno de los más grandes avivamientos de la historia. Y todo comenzó con un joven, que como Elías quería ver a Dios obrar.
A partir de esa experiencia, Hoover recibe en Chile las noticias de lo que estaba sucediendo en Gales. Las tabernas se cerraban porque no había más alcohólicos, las cárceles también por falta de presos y la policía ya no tenía a nadie quien controlar. Como Hoover no podía viajar hasta Gales, le pidió a Dios que hiciera lo mismo en Chile. Entonces hubo un poderoso avivamiento en Chile, del que se habla hasta ahora. Del que surge la Iglesia Metodista Pentecostal, a la que asiste un alto porcentaje de la población chilena. En Argentina necesitamos clamar: “¡Visítanos Dios!”
Volviendo a la escena anterior, cuando Elías estaba en esa cueva le dice: “Solo yo he quedado”. Pero Dios le muestra a Elías que todo no depende de él, pues iba a levantar a unos 7000 más que continuarían su obra (1 Reyes 19:15). Si uno quiere ver la transformación en otros, no alcanza con lo que Dios derramó en nosotros. El líder va primero para desafiar a su gente y luego levantará a otros para que sigan con la labor. En Estados Unidos visité un gran ministerio que marcó los últimos cien años de ese país, que tienen como lema: “Un gran suceso sin un gran sucesor es un gran fracaso”.
Por eso el verdadero desafío no es solo tener mucha gente en la iglesia, sino además, líderes comprometidos que tengan fuego en su corazón.
Pidamos al Señor que siga encendiendo ese vivo celo por su presencia.

Osvaldo Carnival



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